martes, 23 de octubre de 2012

ARTE PARA PEATONES

Desde que la especie dominante adquirió conciencia de su autoproclamada superioridad, ciertos valores como el respeto a los individuos de su misma especie, o de cualquier otra, son meros adornos que a veces, muy contadas veces, afloran en tal o cual sujeto, de tal modo, que su actitud suele destacar y contrastar con la del resto de sus semejantes.

Es tal la soberbia que se percibe por regla general en los seres humanos que el resto de las criaturas procuran alejarse ante su presencia, y no sólo por el riesgo que se asume de resultar agredido, molestado, lastimado, capturado o muerto, sino por el simple instinto de protección ante la mayor fuente de agresividad que la naturaleza produce.

Por este motivo, cuando aparecen humanos anónimos como el autor de la pintada que hay en la esquina del Callejón de Monserrat, mi instinto de garza se agudiza y me pica la curiosidad.

Nada he podido averiguar sobre el autor de la pintada, pero sí sobre Armando Tejada, de cuyo poema "Hay un niño en la calle" está extraida esta plegaria silenciosa.

Armando Tejada Gomez nació el 21 de abril de 1929 en Mendoza en el seno de una familia de descendientes de nativos Huarpes, trabajadores rurales de muy escasos recursos. Fue el penúltimo de 24 hermanos y perdió a su padre a la edad de cuatro años, razón por la cual su madre repartió a sus hijos. Armando fue criado entonces por una tía, que decidió enseñarle a leer. Prácticamente no fue a la escuela y comenzó a trabajar a los 6 años como canillita (vendedor callejero de periódicos), y luego como limpiabotas.

Estos inicios tan poco envidiables no impidireron que, entre otros poemas y canciones, Armando Tejada Gómez escribiera:

Hay un niño en la calle.


A esta hora, exactamente,
hay un niño en la calle.


Le digo amor, me digo, recuerdo que yo andaba
con las primeras luces de mi sangre, vendiendo
un oscura vergüenza, la historia, el tiempo,
diarios,
porque es cuando recuerdo también las presidencias,
urgentes abogados, conservadores, asco,
cuando subo a la vida juntando la inocencia,
mi niñez triturada por escasos centavos,
por la cantidad mínima de pagar la estadía
como un vagón de carga
y saber que a esta hora mi madre está esperando,
quiero decir, la madre del niño innumerable
que sale y nos pregunta con su rostro de madre:
qué han hecho de la vida,
dónde pondré la sangre,
qué haré con mi semilla si hay un niño en la calle.

Es honra de los hombres proteger lo que crece,
cuidar que no haya infancia dispersa por las calles,

evitar que naufrague su corazón de barco,
su increíble aventura de pan y chocolate,
transitar sus países de bandidos y tesoros
poniéndole una estrella en el sitio del hambre,
de otro modo es inútil ensayar en la tierra
la alegría y el canto,
de otro modo es absurdo
porque de nada vale si hay un niño en la calle.

Dónde andarán los niños que venian conmigo
ganándose la vida por los cuatro costados,
porque en este camino de lo hostíl ferozmente

cayó el Toto de frente con su poquita sangre,
con sus ropas de fé, su dolor a pedazos
y ahora necesito saber cuáles sonríen
mi canción necesita saber si se han salvado,
porque sino es inutil mi juventud de música
y ha de dolerme mucho la primavera este año.

Importan dos maneras de concebir el mundo,
Una, salvarse solo,
arrojar ciegamente los demás de la balsa
y la otra,
un destino de salvarse con todos,
comprometer la vida hasta el último náufrago,
no dormir esta noche si hay un niño en la calle.

Exactamente ahora, si llueve en las ciudades,
si desciende la niebla como un sapo del aire
y el viento no es ninguna canción en las ventanas,
no debe andar el mundo con el amor descalzo
enarbolando un diario como un ala en la mano,
trepándose a los trenes, canjeándonos la risa,
golpeándonos el pecho con un ala cansada,
no debe andar la vida, recién nacida, a precio,
la niñez, arriesgada a una estrecha ganancia,
porque entonces las manos son dos fardos inútiles
y el corazón, apenas una mala palabra.

Cuando uno anda en los pueblos del país
o va en trenes por su geografía de silencio,
la patria
sale a mirar al hombre con los niños desnudos
y a preguntar qué fecha corresponde a su hambre
que historia les concierne, qué lugar en el mapa,
porque uno Norte adentro y Sur adentro encuentra

la espalda escandalosa de las grandes ciudades
nutriéndose de trigo, vides, cañaverales
donde el azúcar sube como un junco en el aire,
uno encuentra la gente, los jornales escasos,
una sorda tarea de madres con horarios
y padres silenciosos molidos en la fábricas,
hay días que uno andando de madrugada encuentra
la intemperie dormida con un niño en los brazos.

Y uno recuerda nombres, anécdotas, señores
que en París han bebido
por la antigua belleza de Dios, sobre la balsa
en donde han sorprendido la soledad de frente
y la índole triste del hombre solitario,
en tanto, sus señoras, tienen angustia y cambian
de amantes esta noche, de médico esta tarde,
porque el tedio que llevan ya no cabe en el mundo
y ellos son los accionistas de los niños descalzos.

Ellos han olvidado
que hay un niño en la calle,
que hay millones de niños
que viven en la calle
y multitud de niños
que crecen en la calle.


A esta hora, exactamente,
hay un niño creciendo.

Yo lo veo apretando su corazón pequeño,
mirándonos a todos con sus ojos de fábula,
viene, sube hacia el hombre acumulando cosas,
un relámpago trunco le cruza la mirada,
porque nadie proteje esa vida que crece
y el amor se ha perdido
como un niño en la calle...

 
 Gracias, Armando, por hacer que los de tu especie parezcan más humanos....




4 comentarios:

  1. La verdad es que no conocía a este Armando. Tengo que reconocer que me ha conmovido.

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    1. Si, las pintadas así deberían abundar pk al menos algunos pensarían un rato según deambulan por las plazuelas.

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    2. Yo soy argentino y claro que había oido hablar de Armando. Su CAnción con todos es una especie de himno en iberoamérica.
      No conocia, sin embargo, este poema, que encierra una preocupación, yo diría autobiográfica, por los probemas de la infancia.
      Saludos

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  2. Pensar, sentir, tal vez soñar en que otro mundo es posible.

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