miércoles, 7 de noviembre de 2012

XIV. HERMAFRODITAS.


En Las Metamorfosis, de Ovidio, se cuenta que la diosa Afrodita (Venus para Roma) tenía una aventurilla con Ares (Marte), a pesar de ser la esposa del metalúrgico Hefestos (Vulcano). En el cuadro de Velázquez, La fragua de Vulcano, se representa el momento en el que Apolo Helios (Apolo) pone en conocimiento del confiado herrero las infidelidades de su enamoradiza esposa.

Una vez calmada su furia, el astuto Vulcano tejió una red de metal sutil, invisible y resistente con la que envolvió a los amantes para exponerlos al escarnio del resto de las divinidades. Todos censuraron el comportamiento deshonroso de la pareja, excepto Hermes (Mercurio) quien, a fuer de sincero, confesó que no le importaría pasar la vergüenza de estar atrapado abrazando a la hermosa Afrodita.

Como premio a su apreciación, la diosa del amor tuvo un romance con el dios de la mensajería y el comercio, del que nación un hijo al que llamaron Hermafrodito, contracción del nombre de sus divinos padres.

Hermafrodito creció hermoso y una vez cumplidos los 16 años fue a bañarse en las aguas de la fuente de la náyade Sálmacis, quien se enamoró inmediatamente del bello joven, que, a pesar de su juventud, la rechazó con firmeza. Dado que eran sus aguas, Sálmacis se abrazó a su amado y suplicó a los dioses que nunca los separasen. Cuando el joven salió del agua ambos cuerpos se habían fusionado, por lo que ahora mostraba tanto el sexo masculino como el femenino. A partir de ese momento se le conoció como Hermafrodita.

En la raza humana es posible encontrar individuos con apariencia hermafrodita, con ambos sexos presentes, si bien sólo tienen gónadas de género masculino o femenino. En ese sentido, hay otros seres vivos, como caracoles y mejillones  con hermafroditismo real ya que pueden fecundarse a sí mismos sin intervención de otros individuos de su especie.

Al margen de la apariencia externa y de la orientación sexual de cada ser humano sólo existen dos géneros, masculino o  femenino, por lo que en toda relación, acción,  conexión, afecto, contacto o proyección de un ser hacia  otro interviene el género, bien el mismo, bien el complementario, tanto para el amor como para el odio, con un fondo cariñoso o agresivo, con calma o con violencia.

Ahora se llama violencia de género a las agresiones y, a menudo, crímenes que algunos humanos masculinos cometen a otros humanos femeninos. Lo que son, sencillamente, asesinatos de un ser humano a manos de otro ser humano pasan a las estadísticas como “violencia de género” Claro que no hace mucho tiempo estaban considerados como atenuantes los que se denominaban “crímenes pasionales”, en el caso del asesinato de la pareja sentimental (generalmente de un hombre a una mujer).En ocasiones es tal el horror que siente el criminal que opta por quitarse la vida. Una posible solución sería que se suicidaran primero antes de sufrir la crisis de violencia de género.

Pero hay otras manifestaciones de género, no necesariamente violentas aunque si peyorativas. Esta misma sociedad que se empeña en ignorar que los genéricos se refieren por igual a ambos géneros (de ahí lo de “genérico”) hablan de ciudadanos y ciudadanas, vascos y vascas, madrileños y madrileñas… y luego dicen leones (sin leonas) el ataque de los lobos (sin lobas) dueños de perros (sin dueñas de perras), etc., etc.

Para más incoherencia, cuando quieren definir a una persona astuta, ladina y dotada de una inteligencia natural, dicen que es “un zorro” Lamentablemente una zorra no tiene la misma equivalencia. Ser “un perro” es muy diferente de ser “una perra”, al valiente y arrojado le llaman “pecho lobo”, pero una loba significa otra cosa mucho más desagradable.

La incongruencia de los humanos (y humanas, no vaya a ser que me censuren los “progres”) se pone de manifiesto en las expresiones de índole sexual. El actual presidente del Estado, cuando estaba en la oposición, no dudó en tildar de “coñazo” el desfile de las fuerzas armadas, y un presidente de las cortes argumentó aquello de “manda cojones” para significar que algo superaba sus enfoques personales sobre el tema que se debatía. Del mismo modo, una película o evento de cualquier tipo que no responda a las expectativas es “una braga”, “un coñazo insufrible” o más matizado, “una braga sucia”. Las malas personas, cuyos comportamientos se consideran censurables, son tildadas de “hijos de puta”, aunque sus madres poco o nada tengan que ver con sus deplorables acciones.

He oído decir a personas que hablan de trabajadores y trabajadoras, miembros y miembras, médicos y medicas, jueces y juezas que determinado suceso va a tener lugar ·”por cojones
Menos mal que sólo hay dos géneros… ni se me ocurre imaginar cómo sería el lío con cinco o seis diferentes.

¿Qué se puede esperar de una sociedad que dice que lo negativo es un coñazo y que lo positivo es cojonudo?

Afrodita, ayúdalos.

3 comentarios:

  1. Me encantaría ver a esos progres hablando de dentistas y dentistos, policías y policíos o periodistas y periodistos

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    1. Así es. Lo mismo pasa con artistas, tramoyistas, separatistas, independentistas y demás cuentistas. Al parecer sólo entienden por discriminatorio lo que NO acabe en "as"

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    2. Hay profesionales de la comunicación que para evitar este tipo de controversias se refieren a la ciudadanía, la asistencia, la plantilla o el colectivo...

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